
Estimados Lectores:
BIENVENIDOS !!
Este es un espacio dedicado a todos aquellos héroes anónimos que con su accionar cotidiano han dejado huellas en algún lugar del mundo.
Para todos ellos: los que nos precedieron, los contemporáneos y los que vendrán vaya este humilde homenaje.
Estas historias de vida, recopiladas en mi querida patagonia, reflejan esos valores, los imprescindibles, para poder cambiar el curso del viento.
Nancy Sáez
Alejandro Dolina en su libro “Crónicas del Angel Gris” divide a la especie humana en dos: los hombres sensibles y los refutadores de leyendas.
Los primeros se movilizan sólo ante cuestiones que los apasionan, y emocionados, se permiten soñar a lo grande…los otros, siempre tienen a mano un alfiler para pincharles el globo.
¿Quién fue Miguel Onofri?
Conocí a Miguel en la Facultad, cuando estudiábamos Comunicación Social. Desfachatado, atorrante, divertido, siempre tenía un chiste a mano o una anécdota para hacer reír a las chicas.
El típico gordito bonachón y querible. Muy lúcido e inteligente pero terriblemente vago para estudiar. Recuerdo que venía a clases siempre tarde, tomaba muy pocos apuntes pero estaba totalmente actualizado de todo el acontecer nacional.
Cada vez que teníamos algún final, se acercaba al “grupo de estudiosos” y como quien no quiere la cosa preguntaba “¿qué tema prepararon? para luego excusarse de no haber profundizado lo suficiente.
Entonces dada su eterna simpatía, comenzábamos a relatarle nuestros temas. Lo increíble y admirable era que luego, hasta se sacaba mejores notas que nosotras por su gran capacidad de retención y oralidad.
Sin duda, Dios lo había dotado con una gran capacidad de persuación, talento que siempre lo acompañó para sus emprendimientos personales.
Dos años después, le perdí el rastro, aunque esporádicamente me llegaba alguna noticia de sus andanzas en El Patagónico o alguna movida popular.
En el 2004 me entero que Miguel había tenido un grave accidente en la Ruta que lo dejó cuadriplégico y con pronóstico reservado.
Luego…la nada. No supimos más de él hasta que de golpe su nombre se popularizó en los medios de comunicación gracias a su lucha: la integración y la igualdad para personas con capacidades diferentes.
Miguel Onofri había despertado y tenía un sueño: poder concretar una ciudad amigable para las personas con capacidades reducidas.
Para lograr su concientización, ante los típicos refutadores de leyendas… planificó, gestionó y creó “Compromiso Accesible”.
Este emprendimiento que tuvo y tiene dimensiones extraordinarias en lo material y pura pasión y compromiso en lo humano, tiene un objetivo inamovible: derribar barreras arquitectónicas.
Hoy, un día después de tu muerte, me pregunto con lágrimas en los ojos ¿a cuántos refutadores de leyenda tuviste que enfrentar, solo, con tu sueño y en una silla de ruedas?…
Rastreando tus huellas encuentro una entrevista en donde decías “Yo pienso que con cada barrera arquitectónica que rompa, estoy rompiendo un poquito la indiferencia que tiene la gente hacia los que están como estamos nosotros”. Ese fue su camino ante la difícil prueba que le puso el destino
Miguel fue conocido en la ciudad por su trabajo periodístico, pero se convirtió en una persona pública al encabezar la campaña “Compromiso Accesible” que participó de la edición 2010 del programa televisivo “Bailando por un sueño”, de Marcelo Tinelli.
Asi fue como Comodoro Rivadavia llegó a las pantallas del 13 con el deseo de conseguir financiamiento para la construcción de una PLAZA INTEGRADORA.
Antes ya había impulsado una campaña de integración en el Comodoro Rock, logrando que las personas que padecían diferentes discapacidades pudieran ingresar al concierto sin cargo y con un acompañante.
Por la riqueza de su esencia, y porque él mismo la escribió, transcribo su propia CARTA ABIERTA donde explica cómo nace su sueño.
Carta abierta de Miguel Onofri – fecha 30/03/2010
“Puedo contar lo que me pasó pero no les serviría de mucho para saber lo que siento.
Puedo contar que decían que no iba a salir de un respirador, que tardé 144 días en ejercitar mis pulmones y tener el aire suficiente para hacerme entender con mis palabras. Que para lograr sentarme tuve cientos de desmayos. Que pasé miles de horas mirando sólo techos blancos con luces siempre prendidas. Que sólo muevo la cara, el cuello y la lengua de manera voluntaria. Que dependo de alguien que vacíe mi vejiga.
Puedo contarles otro montón de situaciones más que hacen a la realidad objetiva de esta nueva vida que tengo.
Pero nada de esto expresa lo que siento.
Cuando logré desplazarme en una silla, la familia y los amigos, hicieron que ganara la calle. Hice radio, entrevistas, producciones periodísticas, salidas de esparcimiento, reencontré cómplices de aventuras y muchas cosas más. Recién ahí me sentí vivo.
Salir y sentirme útil me devolvieron las ganas y va a hacer lo mismo con un montón de gente que se condena al encierro y la pasividad como parte de su discapacidad.
Las barreras arquitectónicas contribuyen a que esto ocurra. Por eso quiero que entre todos empecemos a derribarlas.
Porque las ganas piden que siga saliendo, porque puedo llegar, porque quiero entrar. Y porque es tiempo de pensar en el otro.
Por todo esto está el Compromiso Accesible.”
Recomendado: Ver spot. Relato y texto Miguel Onofri.
Ojalá con el correr del tiempo COMPROMISO ACCESIBLE pueda transformarse en una Fundación que trabaje para concretar tu sueño Miguel.
Por Nancy Sáez
Dicen que nadie es imprescindible, pero es mentira. Todos tenemos a alguien imprescindible en nuestra vida, ya sea por el afecto que le tenemos o porque simplemente no nos imaginamos la vida sin su presencia.
Mi padre siempre fue un hombre de trabajo, nació en un pueblo rural y creció entre trigales, ovejas y ganado.
Su cuerpo siempre fue su mejor maquinaria. Con él hizo zurcos en la tierra para sembrar papas, para cosechar, para maderear, hacer carbón y trabajar en su niñez hombro a hombro junto a sus padres.
No pudo tener una educación formal, pero siempre quiso que sus hijos estudien. Alcanzó sólo hasta el 7mo grado porque los niños del campo son brazos para trabajar en primer lugar y sólo se los envía a la escuela para que aprenden a leer y a escribir.
Creativo e inteligente por naturaleza, mi padre siempre enfrentó todos los desafíos, aprendió todos los oficios: mecánica, albañilería, electricidad, y todos los trabajos rudos que nadie quiere hacer…¡ pues él los hacía!.
Solía comentarnos que a los 18 años, después de terminar el servicio militar, cruzó la cordillera de los Andes a pié, por un paso que le indicaron unos traficantes de alimentos que en el año 1955 llevaban mercadería como azúcar, yerba, café y especies para Chile porque sin el permiso de sus padres no lo dejaban pasar.
“Sólo quería conocer el camino por si mis padres no me daban el permiso para venirme a la Argentina a trabajar”. Finalmente el permiso llegó y pudo pasar legalmente.
A los 19 años y sin un peso en el bolsillo, empezó su vida en Argentina. “Trabajé en tendido de cables, cavando zanjas, haciendo caminos y en los equipos de petróleo cuando Comodoro Rivadavia recién empezaba a prosperar”, solía decir.
“No era fácil vivir en la patagonia, corrían vientos de más de 200 km/h y los inviernos eran tan crudos que a muchos operarios se le pegaban las manos en los cables de acero. Ahora hay comodidades y maquinas que facilitan el trabajo, en 1955, todo se hacía a pulmón” – comentaba orgulloso.
En 1.962 conoció a quien fue su esposa y amor de toda su vida, Iris Carvajal. Con ella tuvo 4 hijos, Herman, Nancy, Lety y Fabio.
Fue un padre incondicional. Todo esfuerzo era válido para sacar a su familia adelante.
Recuerdo navidades y años nuevos en los que la familia no podía festejar porque él estaba trabajando en los equipos de petróleo.
A veces, si nos portábamos bien, nos llevaba a mi hermano mayor y a mi. Nos mostraba lo que hacía, buscábamos calafate, y nos explicaba cómo se sacaba el petróleo de las entrañas de la tierra.
Así pasamos varias navidades, con él en el campo, porque las compañías petroleras pagaban esas horas extras al 100% y necesitábamos el dinero.
Trabajo, respeto y responsabilidad hacia los quehaceres eso nos inculcó mi padre.
A los 60 años empezó con problemas en los huesos. Cuando lo llevamos al especialista en traumatología éste admirado comentó: “no sé cómo todavía anda de pié caminando, Usted tiene a la miseria la columna vertebral ¿a qué se dedica?” .
Producto de la rudeza del trabajo y la poca conciencia tal vez, mi padre tenía un severo desgaste.
Es el desgaste del trabajo pesado, de los hombres que ponen su cuerpo, su esfuezos y su salud en este tipo de trabajo.
La salud es un bien preciado, lástima que no sabemos valorarla hasta que la perdemos.
Ejemplo y valores eso nos transmitió mi papá.
“-hija no hay plata en el mundo que pague la decencia y la dignidad. No hay nada mejor en la vida que caminar con la frente en alto, sin deberle nada a nadie y ayudar a la gente en lo que se pueda”
Hoy, con todo el dolor en mi corazón y el vacío en mi alma, sólo puedo decirte querido papá que sos el ejemplo de fortaleza y tezón que siempre guiará nuestros pasos.
Papá para mi SOS IMPRESCINDIBLE. Te amo hasta el infinito y más.
Don “Paquito” es el seudónimo con el que se reconoce a don Francisco Pujana Asenjo tanto en la Asociación Española como en la Vasca. Y es que -nadie que conozca su accionar- puede permanecer inmune a los encantos de su persona.
Don “Paquito” es profundamente humanitario, noble, de mentalidad abierta, muy solidario y poseedor de una gran dosis de sensibilidad social. Fue presidente de la Asociación Euskal Echea en dos oportunidades.Fue el primer vicecónsul español de origen vasco.
Tiene estatura media, ojos verdes y mirada inquisidora, casi desafiante. Opina sobre todos los temas que se le presentan, políticos, históricos o geográficos.

Reconoce haber emigrado de su país por el denominado “sistema de llamadas” ya que un primo suyo lo incentivó a venirse a la Argentina ofreciéndole mejores oportunidades laborales. A los 23 años tomó la decisión de abandonar su “Durango” natal y arribó a tierras sureñas un 19 de diciembre de 1952.
A pesar de la profunda calidez que irradia con su presencia, también ha sido una persona controvertida por su amplitud de criterios y la firmeza de sus decisiones. En el año 1978 fue designado por la colectividad española como el nuevo Vicecónsul de España en la ciudad de Comodoro Rivadavia. Cargo que honró con prestancia, dedicación y trabajo desinteresado durante 20 años.
“Soy español. Soy vasco, pero soy español – afirma – y fue un orgullo para mi haber sido elegido Vicecónsul de España, aún cuando ni siquiera estaba propuesto para ese cargo. ¡Porque me eligieron a mi!… que soy vasco. ¡Cómo no voy a estar satisfecho por eso!”
Moderado y progresista, don Francisco aclara con convicción que “la mujer debe estar al lado del hombre, no un paso atrás” y que “no me gusta establecer diferencias entre vascos y españoles porque no quiero entrar en el juego de competencia”.
Una vez establecido en Comodoro Rivadavia y trabajando en Petroquímica, Paquito envió por su novia Avelina Olarte. Se casaron por poder el 30 de diciembre de 1953 en Victoria, el pueblo de Avelina y de esa unión nacieron sus tres hijos: Ignacio, Alfredo y María del Carmen
- ¿Porqué se acercó al Centro Vasco?
Vosotros sabéis que cuando uno va a otro país, en el caso nuestro y el de todos los emigrantes, uno trata de juntarse con sus connacionales. Yo trabajaba en Km 8, en el “Campamento de los locos”, y empecé a venir al pueblo un poco más seguido. Ahí me relacioné con el centro vasco que en aquel entonces hacía las fiestas en la calle España. (Año 1954)
- ¿Y que sintió en ese momento?
Bueno uno siempre se siente mas acompañado porque están los coterraneos. Aunque ya no sabían hablar vasco. Yo sí sabía, ahora se muy poco. Porque lo que no practicas se te va.

Don Francisco dice recordar muy poco de “euskera” y aclara que esta situación es producto de la falta de práctica pero también de su origen pueblerino. “En España quienes provenían de zonas rurales lo hablaban a la perfección. Pero por ejemplo había diferencia entre mi primo y yo. Él era de caserío y yo de pueblo, en su casa se hablaba todo en vasco. Les costaba más aprender en la escuela porque Franco había prohibido hablar en vasco. Los primeros años Franco fue un dictador malísimo. Mi esposa es de Victoria y ella no sabe ni una sola palabra en vasco, porque Victoria está más metida dentro de España.”
-¿Después de la muerte de Franco comenzaron a retomar sus costumbres?
Si, pero no de inmediato. Franco estuvo 40 años en el gobierno, hasta 1975. En ese tiempo no dejaban hablar vasco y tampoco poner nombres vascos, ni leer libros de historia. Ahora se habla más vasco que en aquellos años, se han puesto las “icástolas” que son escuelas que enseñan vasco y además para ocupar cargos públicos, tienen preferencia los que saben hablar vasco.
- Cuales son las características de un vasco para ud.?
Para mi, una de las más importantes es que el vasco es un hombre de palabra. Si da su palabra, la cumple. Con mi señora hemos estado en el Senguerr y veíamos un alambrado derecho, derecho ¿y sabes quien lo hizo? El vasco tal…nos decían. Un simple alambrador, pero cumplidor. ¡Eso es lindo! Saber que a los vascos se le reconoce como gente cumplidora.
Algo que destaque de su actuación en el Centro Vasco?
Yo creo que a nosotros los vascos siempre nos ha gustado agruparnos y a mi dentro de eso me ha gustado colaborar un poco mas que ser socio nada más. Así que desde que me integré, asistí a todas las reuniones y colaboré de muchas formas. Fui presidente durante dos períodos en la década del 70.
El primer conjunto de baile
“En los años 60 junto a mi esposa iniciamos el conjunto de baile. Yo enseñaba lo poco que sabía de bailes y ella cosió todos los trajes”.
Ambos recuerdan esa época no tan lejana en años, pero sí en añoranzas, cuando juntos recorrían en su vieja camioneta, las polvorietas calles de Comodoro reclutando chicas para llevarlas a las Romerías o para enseñarles a bailar las danzas típicas. Enseñarles a bailar era para ellos una forma de legarles -de alguna manera- la cultura de aquel país tan distante que un día decidieron abandonar buscando mejores oportunidades.
- ¿Era mucha la comunidad vasca en esa época?
No, no éramos muchos. Pero siempre para las cenas en memoria de San Ignacio de Loyola, juntábamos 200 o 300 personas. Hemos tenido mucha simpatía de la gente porque los bailes son muy vistosos.
“Los vascos no festejamos el día de la independencia porque siempre hemos sido independientes” afirma contundente Paquito demostrando que es vasca la sangre que corre por sus venas. Su verdad no admite cuestionamientos ni dudas.
Don Francisco habla, sin lugar a dudas, de la “Euskal Herria”, el antiguo territorio vasco conformado por las 7 herrialdek (provincias). Los vascos han sido, por siglos, el pueblo-nación más antiguo de Europa. Una Nación sin Estado propio, basada en un idioma y limitada, no por límites político-geográficos, sino por su propia cultura. No es en vano que su nombre histórico sea “Euskal Herria” que significa “Pueblo de la lengua vasca”. (Científicamente se afirma que el pueblo vasco lleva al menos 18.000 años viviendo ininterrumpidamente en el territorio de Euskal Herria y que su idioma, el euskera, es la única lengua pre-indoeuropea de Europa).
Sin embargo, a partir de la abolición de los fueros con la Ley del 21 de julio de 1876, la costrucción del País vasco contemporáneo ha sido un proceso largo y complejo.
“¡Este es mi hijo Americano!”
Destino o decisiones claves en el momento indicado hicieron que Don Francisco Pujana Asenjo, aún teniendo un buen trabajo en su pueblo natal, abandonara su país para intentar mejor suerte en Argentina.
“Regresé tres veces a España y en una oportunidad yo quise ir comprar y mi madre no quería que yo fuera ¡¿cómo vas a venir vos a la plaza?! – decía horrorizada. Es que allá no se acostumbraba.
-¡Yo te acompaño! Protestaba yo, y entonces iba con ella…Y ella se daba el gusto conmigo
-“Es mi hijo- decía- ¡Mi hijo americano!”
Con emoción, y con ternura recuerda el orgullo de su madre al presentarlo como su “hijo americano”. Y en cierta forma, el tiempo le dio la razón a su madre. Don Francisco Pujana reside en Argentina desde hace cincuenta años.
“Tengo un certificado que dice que la Nación Argentina me agradece los servicios prestados” dice Paquito mientras su esposa confirma “nosotros tenemos más años de argentinos que de españoles, pero tenemos sangre vasca”.
Su espíritu emprendedor, su mirada amena y su figura calma no desentonan con el hombre trabajador que ha sabido poner el hombro al país que le dio cobijo cuando aún era un joven impetuoso y aventurero. Su carácter afable y sincero ha sido ejemplo de integración y adaptabilidad, de contención al desarraigo, pero sobre todo ayuda mutua y humanitaria sin distinción de bandera.

Antonio Baztán es un luchador nato. Aunque nació en Barcelona, se identifica con la sangre vasca que heredó de su padre, Dn Santiago Baztán Basterra. Su espíritu no admite concesiones. Hace honor a todas las características que identifican a su pueblo: trabajador, tozudo, voluntarioso, emprendedor y de espíritu noble.
“Yo soy un tipo muy complicado. A mi me gusta que las cosas se hagan bien” -afirma mientras mira a su interlocutor directamente a los ojos en posición firme.
Esa actitud le ha valido muchas veces que en el círculo de las colectividades comodorenses lo rotulen como “de línea dura” y es que, Antonio Baztán es implacable en sus decisiones. Sobre todo en lo referente a los cuidados de su familia y la Asociación Vasca que hoy lidera.
Las experiencias y el tiempo han moldeado su carácter. Su vida no ha sido fácil en estas tierras tan lejanas a la de sus sueños. Ha peleado la vida con las armas que heredó de su Cáseda añorada (Navarra)- ciudad en la que se crió desde los tres meses de vida- al cuidado de su madre y abuelos paternos porque su padre estaba en la guerra.
Según explica, la decisión de emigrar de su país se debió a tres circunstancias: el franquismo, las deidades que ofrecía la propaganda de los agentes de emigración en el pueblo y la posibilidad de obtener un trabajo por medio de un primo lejano de su padre, radicado en Pico Salamanca.
“En el año 1955 tenías que venir con trabajo si o sí, de lo contrario no se podía entrar al país” confirma Don Antonio, mientras con sinceridad absoluta comenta “eso no era real, era una trampa solamente. Pero había que cumplirla”.
Y es que en esa década, las puertas de entrada a la Argentina se estaban restringiendo, contrariamente a la política migratoria establecida a partir de 1853 y reafirmada en 1876 durante el Gobierno de Nicolás Avellaneda donde las leyes fomentaban la inmigración al país.
“El viaje fue maravilloso. ¡Fue lo más maravilloso que me pasó en la vida!” comenta emocionado. Y una luz intensa en sus ojos deja entrever que está navegando nuevamente las aguas del Atlántico con sus jóvenes 16 años.
“Vivimos quince días viajando en el barco Cabo de Hornos. Salimos de Barcelona, pasamos por Sevilla donde el barco tenía que cargar aceituna para los Estados Unidos, luego fuimos a Canarias, a Tenerife y llegamos a Río de Janeiro donde se intercambiaron las aceitunas por bananas que venían para la Argentina.”
Expectante, como reviviendo esos recuerdos que tan bien le hacen, ríe. Con sonrisa tierna, casi infantil, pero no llora. No se permite llorar. Aunque ambas sensaciones florecen en su ser, casi sin pedir permiso.
“Mira te voy a contar – me explica- arriba del barco teníamos cine y baile. ¡La pasamos muy bien!. Era estar así todo el día ¡lo pasamos espectacular!. Nos reíamos mucho. También observábamos a un grupo de árabes. ¡Ellos adoran al sol!. Cada nuevo día, iban a cubierta para la salida del sol y se arrodillaban, se tiraban… y nosotros ¡no entendíamos nada!. Decíamos.. ¡¡estos están locos!! Y todos los días, hasta llegar acá era así.”
Nada se escapa de sus recuerdos, ni horarios, ni puertos, ni pueblos “bajamos en Buenos Aires. Paramos en el Hotel EUSKALDUNA, que queda cerca de la estación Retiro –referencia- y viajamos luego de dos días a San Antonio Oeste en tren. Finalmente llegamos en transportes Patagónicos hasta Comodoro Rivadavia, donde nos establecimos”
- ¿Duele mucho el desarraigo? Pregunto.
La historia de uno, su país y los afectos no se olvidan. Es algo que te queda adentro. Es como un árbol que lo transplantas de grande…da frutos, si. Pero no, no es lo que debiera dar, ni brinda lo que debiera brindar.
Un puente al infinito
Sus ojos se impregnan de nostalgia. Nostalgia por el país donde vivió desde pequeño hasta los inicios de su juventud. “A los 16 años uno tiene amigos, y quiere hacer las cosas que se hacen a los 20. Uno se siente grande” .
Sus pensamientos vuelven a experimentar el dolor de quien deja todo lo que tiene, para saltar a lo desconocido, al vacío de un viaje que parece sin retorno. “Me hubiera podido quedar allá con mi tío –dice- pero esas cosas…”
La descripción es muy fuerte y las palabras huyen por un momento de sus labios, impronunciables. “La verdad es que yo no podía dejarlos solos. Ellos venían para acá con la familia. Y yo veía a mi padre muy indefenso, es como que la guerra lo había resentido un poco y quien sabe si hubieran logrado algo o subsistido, la realidad es esa. Por eso me vine, por ellos.”.
Una vez establecidos en Comodoro Rivadavia Antonio Baztán reconoce haber estado dos meses sin trabajo, y lo dice con admiración “¡dos meses!” como insinuando demasiado tiempo.
Contrariando la realidad de estos tiempos argentinos donde conseguir trabajo a los dos meses, es casi una cuestión de suerte. “Mi padre consiguió trabajo en un almacén de ramos generales, Se llamaba Argensud, pero el sueldo de comercio era muy poco, asi que yo también salí a trabajar. Si bien tenía conocimientos de tornería, no encontré trabajo en esa especialidad, sino en un taller ubicado en el Barrio Industrial. Hacía horas extras como loco para ayudar a construir la casa de los viejos. ¡Me pasaba todo el día metido en el taller!” .
Quizá por su condición de hijo primogénito, Antonio siempre sintió la necesidad de hacerse cargo de la familia, incluyendo a sus propios padres, a quienes recuerda con profundo cariño, respeto y objetividad. Pero su corazón regresaba año tras año y día tras día a la patria de sus amores.
“Durante muchos años he tenido el anhelo de regresar a mi tierra. Fui el primero de la familia en acercarme a la Asociación Euskal Etchea. Necesitaba un contacto con otros vascos para calmar las añoranzas internas que son muy fuertes. En 1955 me acerqué a una cena por la festividad de San Ignacio de Loyola y en 1956 comencé a participar activamente. Integré el primer cuerpo de baile. En esos tiempos todos éramos de allá”.
“Un árbol transplantado de grande da frutos, pero no los que tendría que dar” repite Antonio queriendo evocar el dolor del desarraigo. Por ello, cada minuto, cada día que pasaba, cada festividad, o tardes de cielo azul, despertaban en él las ansias de retorno. Y cambiaba por un instante su vida, devolviéndolo al pasado como un duro rebote de pelota. Entonces la imagen de sus padres, su trabajo y hasta su vida misma se desvanecían. La realidad se apartaba por un momento de su mente, mientras se esfumaba de sus pupilas del mar embravecido que baña las costas sureñas.
Cada domingo, Antonio iba al puerto a mirar el horizonte. A tratar de flanquear esa distancia abismal que lo separaba de sus raices. “Para calmar las añoranzas internas, los domingos íbamos al puerto. Ahí donde estaba la grúa antes, íbamos con el Sr. Calzada, que era otro de los jóvenes que estaban en el cuerpo de baile. Nos sentábamos en las piedras y construíamos un puente imaginario que llegaba hasta España.” “¡Qué ilusos éramos…Por Dios!” Se reprocha retrotrayéndose a la realidad, sin embargo en la intención de describir lo que en aquellos años sentía continúa “Hacíamos cuentas de los días que nos llevaría llegar hasta allá y también de las ovejas que deberíamos llevar para ir comiendo por el viaje. A veces, hasta nos imaginábamos que llegábamos. Pensábamos lo que haríamos una vez allá y ¡hasta nos lo creíamos!. Después, a las 9 pm nos íbamos al cine, y… así cada domingo”.
Con innegable acento castizo dice que jamás expondría a sus hijos al desarraigo “¡Es muy duro vivir en otra tierra!. Si yo luego no volví fue sólo por mis hijos. Porque me ponía a pensar, si éstos van a tener que sufrir lo que sufrí yo ¡no! No sé si se compensa el sacrificio. Yo no podía decidir por ellos. Es algo muy personal porque puedes estar muy mal en tu país; te pueden perseguir mucho; pero a la vuelta de los años, y esto lo hemos conversado con mi padre, no se si compensa el sacrificio. Porque allá se dejó mucho, y se abandonó todo para venir… y ¡no es así la cosa!. Con otra mentalidad tal vez si, pero con la mentalidad que tenemos nosotros no.”
Al hablar de mentalidad, Baztán, habla de valores. Los valores que heredó de su padre, la honestidad, honradez, el sacrificio y el trabajo.
“En el pueblo de donde venimos se decía que venir a América era venir a juntar dinero con las dos manos. Y no era así la cosa. Tal vez sería eso para otro tipo de gente (deshonesta), pero no para gente como nosotros. Pero estoy igualmente orgulloso de mi padre, porque yo hoy puedo caminar por la calle con la frente bien en alto, porque mi padre no le robó a nadie” enfatiza, mostrando su verdadera herencia. Tesoros que en el mercado no se cotizan




